Los valores son producto de cambios y transformaciones a lo largo del tiempo y de la historia. Surgen con un especial significado, cambian, suelen ser efímeros o desaparecen en las distintas facetas del tiempo.
Los valores son considerados referentes pautas o abstracciones que orientan el comportamiento humano hacia la transformación social y la realización de la persona. Es así como la belleza aparece como una de las formas de una peculiar manera de asomarse al mundo que se llama el valor, que consiste en lo fundamental, en distinguir el ser del valer.
"Todo valor supone la existencia de una cosa o persona que lo posee y de un sujeto que lo aprecia o descubre, pero no es ni lo uno ni lo otro. Los valores no tienen existencia real sino son adheridos a los objetos que lo sostienen. Antes son meras posibilidades." (Prieto Figueroa, 1984:186; citado en Morales de Casas, 2006)
La visión subjetivista considera que los valores no son reales, no valen en sí mismos, sino que son las personas quienes les otorgan un determinado valor, dependiendo del agrado o desagrado que producen.
Se diferencia lo que es valioso de lo que no lo es dependiendo de las ideas o conceptos generales que comparten las personas.
Los valores no son el producto de la razón; no tienen su origen y su fundamento en lo que nos muestran los sentidos; por lo tanto, no son concretos, no se encuentran en el mundo sensible y objetivo. Es en el pensamiento y en la mente donde los valores se aprehenden, cobran forma y significado.
El proceso de valoración del ser humano incluye una compleja serie de condiciones intelectuales y afectivas que suponen: la toma de decisiones, la estimación y la actuación. Las personas valoran al preferir, al estimar, al elegir unas cosas en lugar de otras, al formular metas y propósitos personales. Las valoraciones se expresan mediante creencias, intereses, sentimientos, convicciones, actitudes, juicios de valor y acciones.
Conviene distinguir, los valores y los bienes. Los valores no son cosas, ni vivencias, ni esencias: son valores. Frondizi (2004:15-17) nos dice que los valores no son cosas ni elementos de cosas, sino propiedades, cualidades sui generis (exclusivo), que poseen ciertos objetos llamados bienes.
Los valores son entes parasitarios. A fin de distinguir los valores de los objetos ideales, se afirma que estos últimos "son", mientras que los valores no "son" sino que "valen" (Lotze citado en Frondizi, 2004:18)
Valor es una cualidad irreal. En el sentido de que no equivale a ninguna de las cualidades primarias y secundarias, por lo que se le denominó cualidad sui generis, el valor es real pues tiene existencia en el mundo real y no es una mera fantasía del sujeto.
Los valores se presentan en un valor positivo y el correspondiente valor negativo. Los valores están ordenados jerárquicamente, hay valores inferiores y superiores.
El valor ser` objetivo si existe independientemente de un sujeto o de una conciencia valorativa; ser subjetivo si debe su existencia, su sentido o su validez a reacciones, ya sean fisiológicas o psicológicas, del sujeto que valora (Frondizi, 2004:27).
Los estados psicológicos de agrado, deseo o interés son una condición necesaria pero no suficiente, y tales estados no excluyen los elementos objetivos, sino que los suponen.[1]
El valor ético tiene una fuerza impositiva que nos obliga a reconocer aun contra nuestros deseos, tendencias e intereses personales. Los valores no se dan aislados, sino que tienen una existencia parasitaria; se nos presentan siempre apoyados en un sostén.
Max Scheler sostiene que "la inteligencia es ciega para los valores. Los valores se nos revelan en la intuición emocional" (Frondizi, 2004:42). La experiencia de valores es independiente de la experiencia de cosas. El hombre crea el valor con su agrado, deseo o interés; el valor reside enteramente en el objeto valioso.[2]
Lotze concibió la idea de los valores como algo libre de realidad, así mismo afirmo que los valores no son sino que valen (Lotze citado en Espinosa, 2000:61).[3]
Dice Meinong: una cosa tiene valor cuando nos provoca agrado y en la medida en que esta nos puede llegar a agradar. Así mismo sostiene que "el valor es, en verdad, un estado subjetivo, de orden sentimental, un objeto tiene valor en tanto posee la capacidad de suministrar una base efectiva a un sentimiento de valor". (Meinong, 1894:25; citado en Frondizi, 2004:54)
Perry declara que cualquier interés otorga valor a cualquier objeto. "Lo que es objeto de interés adquiere eo ipso valor"[4] (Perry, 1950; citado en Frondizi, 2004:65). Una cosa cualquiera tiene valor cuando es objeto de un interés cualquiera, habr` intereses malos y buenos.
Richards sostiene que "algo es valioso si satisface una apetencia, sin que tal satisfacción implique la frustración de una apetencia igual o más importante" (Richards citado en Espinosa, 2000:68).
Para Rudolf Carnap, los juicios de valor son formas disfrazadas de normas o imperativos. La norma no afirma nada, sino que ordena o expresa un deseo; el juicio de valor no afirma nada y, por consiguiente, no puede ser ni verdadero ni falso (Carnap citado en Frondizi:2004:86).
Los llamados juicios de valor son juicios empíricos. Los términos éticos no sirven tan sólo para expresar sentimientos, sino también para despertar sentimientos en el prójimo y estimularlo a la acción.
Valores para Scheler son cualidades independientes de los bienes: los bienes son cosas valiosas (Frondizi, 2004:119). El placer es una vivencia: en si mismo no es bueno ni malo. La bondad depende del tipo de placer. El factor que se agrega al placer es el que le confiere su calidad axiológica.
Frondizi (2004:145-146) manifiesta que el deseo, la aspiración, muestran la trama íntima de la personalidad; esto prueba que el valor no se mide por el deseo, sino justamente al revés: la calidad del deseo depende del valor que encarna.
Frondizi (2004:156) así mismo refiere que un objeto puede aumentar de valor cuando se descubre que posee cualidades positivas que desconocíamos o disminuir de valor si las cualidades son negativas.
Perry nos dice que es el interés el que confiere valor a un objeto y debe ser el interés el que confiera el grado de valor.
Para el objetivismo los valores son independientes de los bienes y de los sujetos que los valoran; son además absolutos e inmutables, sin que el acaecer real físico o humano pueda alterarlos (Frondizi, 2004:179).
Además de los elementos subjetivos y objetivos, influyen también factores sociales y culturales. Así mismo la valoración cambia, a su vez, de acuerdo con las condiciones fisiológicas y psicológicas del sujeto. El sistema nervioso, el funcionamiento de las glándulas de secreción interna, la presión arterial y otros aspectos de nuestra vida biológica, condicionan nuestra valoración (Frondizi, 2004:195-199).
El valor no es una estructura, sino una cualidad estructural que surge de la reacción de un sujeto frente a propiedades que se hallan en un objeto. Por otra parte, esa relación no se da en el vacío, sino en una situación física y humana determinada.
El valor es, pues, una cualidad estructural que tiene existencia y sentido en situaciones concretas. Se apoya doblemente en la realidad, pues la estructura valiosa surge de cualidades empíricas y el bien al que se incorpora se da en situaciones reales. Pero el valor no se reduce a esas cualidades ni se agota en sus realizaciones concretas, sino que deja abierta una ancha vía a la actividad creadora del hombre.
El valor es una cualidad empírica, producto de cualidades naturales, aunque no reducible a ellas. Frondizi (2004:226) nos enseña que la determinación de la altura de un valor debe atender, en primer lugar a las reacciones del sujeto, sus necesidades, intereses, aspiraciones, preferencias y demás condiciones fisiológicas, psicológicas y socioculturales.
Es así como de estas apreciaciones tanto objetivas pero principalmente subjetivas la gente va asignando valor a la realidad, e impone nuevas formas de valorar nuestra persona, nuestras ideas, la sociedad, las cosas y la vida, y es en esta imposición que se llega a caer en una confusión y grave error de distorsionar lo que realmente es valioso, asignándole más valor a cumplir con estereotipos e introyectando a la sociedad por medio de los medios de comunicación que para ser feliz es mejor el "tener" y no el "ser".[5] [6]
[1] Frondizi (2004:35) manifiesta que el valor "es el resultado de una tensión entre el sujeto y el objeto, y esté ofrece, por tal razón, una cara subjetiva y otra objetiva, engañando a quienes prestan atención a una sola faz".
[2] El ser humano al crear el valor, al mismo tiempo tiene la creencia errónea de que necesita algo para ser feliz, pero no se da cuenta que, ¡¡¡tiene todo lo que necesita!!!, no se da cuenta que la felicidad es una forma de ver la vida, una actitud, una costumbre.
[3] Gelinne (2007:b) señala "el valor es una propiedad de las cosas o personas, todo vale por el hecho de estar o existir, por lo consiguiente toda realidad puede poseer varios valores todo depende de su estructura, personalidad (persona), belleza, entre otros. Todo ser tiene un valor se le conozca o no, todo valor se refiere a las necesidades o aspiraciones humanas y buscamos de alguna manera satisfacer estas necesidades, por lo que el valor es captado como un bien".
[4] Perry tiene razón ya que un objeto, circunstancia o persona, de cualquier clase que sea, adquiere valor inmediatamente cuando se le presta un interés, este interés puede ser de agrado o desagrado.
[5] Esta confusión afecta inconscientemente a las personas, ya que se imponen necesidades de reconocimiento, pertenencia y afecto, ya que nuestra sociedad se encarga de crearnos en la mente la creencia de que tenemos que cumplir con estereotipos, y si no cumplimos seremos rechazados por esta sociedad materialista y superficial. Y es donde la lucha se vuelve un sufrimiento ya que nos introyectamos ideas estúpidas e irracionales, y estas ideas nos pueden llevar a no ver lo valiosos del ser y llegar a cometer actos criminales. Unos por cubrir las necesidades de pertenencia, reconocimiento o afecto acumulan dinero y posesiones, otros conocimientos y títulos; llenos de miedo a la pobreza, al que dirán, a no ser una persona valiosa, al no estar a la vanguardia, al ser rechazadas por la sociedad; sin darse cuenta que, no es lo que tienen lo que los hace valiosos, sino lo que son.
[6] Ángel Real (2005:97) nos dice que "damos por seguro las cosas más valiosas de la vida y andamos por ahí, buscando lo superficial, porque creemos que hay algo que nos haría felices si lo tuviéramos"
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