Para comenzar por vencer este tipo de situación quien la experimente, le corresponde actuar enconsecuencia. Debe desarrollar un estilo de pensar y actuar espontáneamente y no a partir de miedos basados en experiencias pasadas. Resuelve las siguientes preguntas y comienza por aplicar las soluciones. A partir de estas vas a conseguir enfrentar los miedos.
¿Crees en ti misma y vives a partir de esa identidad?
¿Te sientes libre para actuar y nada temes porque no te importa el qué dirán?
¿Te amas tal como eres y dejas de buscar el reconocimiento de los demás?
¿Te preocupas por ser la creatura que Dios ha creado, o lo estás defraudando?
A partir de este momento debes iniciar un proceso de superación personal, basado en trabajar los aspectos débiles de tu personalidad hasta conseguir avances para adquirir tu paz interior, no hay otra manera que te llenes de energía y elementos suficientes para enfrentar una relación con un agresivo machista. Recuerda que nadie te puede hacer sentir inferior sin tu consentimiento, así que tu estas llamada a superar cualquier situación que se presente en tu relación y que no puedes ni debes justificar actitudes de tu pareja, que te afecten física o emocionalmente.
Lo importante se resume en la espontaneidad que sucede cuando vives planeando menos y disfrutando más, con la dicha de una vida no tan estructurada, dándote cuenta de que está planeada por Dios y que a Él las cosas nunca le salen mal. Tienes una sutil sensación de saberte guiada, te dejas llevar y fluyes con la vida, con lo que sucede, eso es todo. Una curación espontánea sucede muchas veces cuando hay paz interior, la energía cambia y la frecuencia vibratoria del padecimiento desaparece, porque tú estás en paz contigo misma.
Adquiere una gran habilidad para disfrutar de cada momento. La paz interior produce milagros en el exterior. El momento más trivial lo empiezas a ver como una gran oportunidad de disfrute. Creas momentos de contemplación ya que todo empieza a parecer mágico y digno de admiración.
Consigues una pérdida de interés en juzgar a los demás y en interpretar sus acciones. Ya no quieres opinar acerca de lo que hace tu pareja, también dejas de juzgarte a ti misma, hay cosas muchísimo más importantes y valiosas por experimentar.
Descubres que cuando juzgas o justificas a tu pareja, nunca lo defines verdaderamente, sino que con cada juicio que emites, te estás definiendo a ti misma. El tiempo y el espacio para estar en paz contigo misma se hace tan importante, que criticar a tu pareja resulta tiempo perdido.
Empieza a querer a tu pareja tal como es, y quizá te lleves la sorpresa de que él empieza a quererte y valorarte más…recibes lo que das. Ya no se trata de ver etiquetas humanas, sino de ver la divinidad de ese ser humano que comparte la vida junto a ti.
Cuando tu vida se llena de paz interior, ya no hay cabida para interpretar las acciones de tu pareja, ya no tienes ni tiempo ni ganas de entrometerte en su vida.
Con esto pasamos a la pérdida de interés en el conflicto. Discutir y vivir en conflicto lo empiezas a ver como lo más absurdo de la vida, también pierdes interés en saber cómo son las relaciones de tus amigas, te das cuenta que muchas veces ellas te venden la idea de cómo mantener el conflicto y no es eso lo que tu deseas. Empieza por elegir amistades que te aporten, que tengan buenas relaciones de pareja y que hablen bien de vivir en una relación, que te den pautas para la convivencia pacífica y de crecimiento personal y espiritual.
Cuando tu asumes un cambio como es el de vivir en paz, las personas conflictivas te empiezan a abandonar, -literalmente- te dejan en paz, porque sienten que tu elegiste la paz interior y ya nos les sigues el juego de ser “victima”.
No se trata de morir para “descansar en paz”, sino de aprender a vivir con paz interior para realmente “vivir en paz”. El paraíso está aquí y ahora, cuando eliges tu paz interior sobre cualquier otra experiencia, tu vida cambia radicalmente. Ese cambio es sorprendente y depende exclusivamente de ti…tu salud y tu imagen son consecuencia de la paz interior que llevas en tu corazón y en tu mente… a vivir con paz interior se entrena, se aprende.
Así paulatinamente empiezas a perder el interés en tener que preocuparte. Preocuparse es ocuparse de algo antes de que ocurra y si tu actitud de paz interior no permite que las cosas te afecten, entonces no te preocupas.
Para de preocuparte, así de simple. Llega un momento en que te das cuenta de que no tiene ningún caso preocuparte por nada. Comprendes que preocuparte por lo que está fuera del alcance de tus manos es carente de todo sentido, porque precisamente no está a tu alcance la solución. La agresión machista es una presión externa que siempre va a estar ahí, eso no lo puedes cambiar, sólo tu actitud frente a esa situación puede cambiar su afectación.
Luego comprendes que preocuparte por lo que sí puedes solucionar, también resulta absurdo, porque si puedes hacer algo, pues lo haces y ya, sin preocupación alguna.
Entonces comienzas por tener frecuentes e irresistibles momentos de apreciación, como apreciar y admirar el bien y la armonía en las personas, en los lugares, en las situaciones y en todo lo que te rodea. La música te cautiva, el talento artístico en cualquiera de sus formas lo valoras como evidente manifestación de Dios aquí en la tierra, en tu vocabulario aparecen con mucha frecuencia señales de asombro ¡UAU! Se te abren los ojos cada vez más en señal de admiración.
Aprecias y ya nunca más desprecias. El que aprecia se fortalece, quien desprecia se debilita, si ésta es la actitud de tu pareja, él es quien pierde. El que aprecia maneja frecuencias de energía muy rápidas y altas, el que desprecia muy bajas y lentas. El que aprecia normalmente se encuentra saludable, el que desprecia está enfermo crónicamente de algo, nunca puede estar bien. Quien tiene paz interior, todo lo aprecia, absolutamente todo, porque lo bello, bondadoso y verdadero siempre es apreciable desde un corazón en paz.
El mismo que se manifiesta con alegres sentimientos de conexión con las demás personas y con la naturaleza. Sientes “claramente” tu unión con todo. Cuando tienes contacto con la naturaleza te quieres quedar ahí. Te cautiva ver el mar, o estar en el bosque como nunca antes. Empiezas a sentir respeto por todo, porque surge como consecuencia de saberte conectado a ese todo.
La manifestación más clara de ese estado de paz interior se presenta con risas y sonrisas frecuentes, vivir con alegría, esto es la expresión evidente de tu despertar a estados de conciencia superiores, donde se vive en paz. Si te miras al espejo, podrás ver una sonrisa constante, ese es el reflejo de tu interior. Cuando hay dolor, hasta las sonrisas son fingidas y el rostro se ve adusto, nuestro corazón no miente y nuestro espíritu se resiente.
Comienzas por aceptar que todas las cosas suceden por una razón, que todo tiene un propósito, aunque no lo veas inicialmente, pero sientes que existe. Surge una sabiduría dentro de ti, donde siempre sabes que si debes actuar, actúas y si no, dejas que pase, fluyes naturalmente. Día tras día se presentan múltiples situaciones para perder la paz, momentos en que sentimos estrés, caos, confusión, desesperación, temor, etc., pero ahí mismo, te dices: “Puedo elegir la paz, en lugar de esto”, respiras profundo y lento varias veces y la paz vendrá, así te abstraes de la situación, teniendo la certeza que todo se dirige a un Bien Mayor.
Vas a experimentar un crecimiento del amor para dar a los demás y también a sentir el amor que recibes de ellos. Esta es una de las experiencias más bonitas de la paz interior, empiezas a sentirte querida por todos y al mismo tiempo te urge amar todo y a todos, sin distinguir credo, color, posición social, sexo, raza, edad, nacionalidad, cultura o inteligencia. Tu corazón está libre de juicios y lleno de amor por ti, por el ser humano en general y por toda la creación, sientes como fluye ese amor. A quien vive con paz interior es muy fácil amarlo y él ama también, con soltura, alegría y felicidad.
Todo lo anterior son los síntomas de la paz interior, si los experimentas en ti, estas ayudando a los demás y al mundo, incluso con tu sola presencia porque irradias a quienes te rodean, pareja, familia, amigos, trabajo, sociedad y estas contribuyendo a mejorar tu entorno, pero principalmente te estás ayudando a ti misma a ser mejor ser humano, a vivir desprevenidamente, a disfrutar de la relación con tu pareja, a tener una vida personal plena, como ha sido el propósito de Dios al crearte como su hija predilecta.
Con esta premisa, podemos invitar a todas aquellas mujeres que conviven con un agresivo machista, sea cual fuere su forma de expresión para que asuman sus vidas responsablemente y den pasos firmes hacia su liberación de ese yugo, que las despersonaliza, entristece, agobia, produciéndoles sentimos de frustración, ira, impotencia y desamor.
Está en cada una, hacer un ejercicio de crecimiento personal, para enriquecerse a fin de tener herramientas efectivas a la hora de actuar frente al machista, no con agresividad, sino, contrariamente con actitudes de paz.
Violencia de género. Actitud del agresor I
Vamos a iniciar con una descripción de cada concepto machista y a sugerir una manera de enfrentarlo, es decir la posición que debería esgrimirse en ese caso, a fin de poder vencer el miedo o la impotencia frente a sus abusos.
El supermacho, “aquí mando yo,” este tipo de sujeto está dispuesto a golpear si es preciso para someter a su pareja, abusa de su fuerza física, el tono de voz y accesos de ira, para infundir respeto, temor y controlar con ello la situación. Esta imagen la asume como reacción cuando encuentra en la mujer una actitud que interpreta lesiva para sus intereses personales, es decir, que ve como una amenaza que, la mujer haga uso de sus derechos o necesidades en la relación de pareja, asumiendo por esto una conducta intransigente, abusiva, -al avasallarla- y como contraprestación, reclama su derecho a ser servido y tenido en cuenta, por encima de las necesidades de la mujer, es un egoísta, trasgresor de los más elementales derechos de la persona, en este caso el de su pareja, llevándola en algunos casos al extremo de la esclavitud y abandono afectivo. Para la mayoría de ellos, la mujer no es tenida en cuenta como persona con iguales derechos, sino que, es considerada como un ser inferior, por lo tanto se debe subyugar. Esta es la firme creencia que los motiva para actuar así.
Esta condición el algunos hombres es aprendida desde el hogar y no fue corregida a tiempo porque hubo permisibilidad por las mujeres que compartían su vida, es una condición enfermiza, pero que ningún portador está dispuesto a reconocer y menos a permitir que sea tratado por un especialista, así que se debe aprender a manejar la relación con este sujeto.
Una agresión física, psicológica, o de indiferencia, te afectará siempre y cuando tú la aceptes, es decir, que tu manera de asumir esa agresión, establece la diferencia. Si comienzas por no aceptar o no permitir la agresión, porque tu paz interior te apuntala en esta decisión, quien pierde es el autor, tu simplemente, te vuelves transparente y a través tuyo pasa esa ofensa, sin dañarte, excepto si sabes de antemano que usa la violencia física, aprende a guardar la distancia y usa medios de interferencia para salvarte de la agresión.
El miedo no debe impedir que actúes en defensa propia, pero sin usar la violencia, sino por medios que te puedan poner a salvo como una caución policiva, vivir fuera del entorno del agresor, buscar ayuda psicológica para ambos o entidades de protección a la mujer. Hasta que aprendas a neutralizar esos ataques.
Si tu pareja no desiste de la violencia para obligarte a permanecer a su lado o hacer su voluntad, debes entonces tomar en serio tu vida y hacer una decisión radical, porque no hay justificación alguna que te obligue a permanecer al lado de de un delincuente en potencia. Si las circunstancias cambian, es decir, si su perspectiva es diferente puedes probar otros métodos para reiniciar tu relación bajo otras condiciones más aceptables.
Violencia de género. Actitud del agresor II
El diálogo puede ser una herramienta efectiva para mostrar cuáles son tus sentimientos heridos y no propiamente reprochando las actitudes del machista, sino, cómo te hace sentir con su trato o sus actitudes, es desde tu posición de esposa o compañera, que vas a determinar cómo te afecta la situación, al compartir estos sentimientos debes cuidar el lenguaje verbal y no verbal, palabras, gestos, posición, a fin de que tu mensaje sea bien recibido y surta efecto, es decir que tu interlocutor se preste al diálogo y comprenda tus puntos de vista. Es bien Importante que cuando él hable no le interrumpas, no trates de que entienda tus razones, simplemente, déjalo que se exprese y redondeé su idea, luego has tu lo mismo, sin echarle basura, es decir sin acusar o agredir, simplemente muéstrale tus sentimientos heridos y como te afecta esto. Este paso lo vas a dar si te importa tu relación y la quieres mantener, entonces adelante.
Si no encuentras receptividad en tu pareja y no te permite expresarte verbalmente como tú desearías hacerlo, entonces emplea este otro método. Siéntate y escribe todo como quieres que él lo conozca, con tus propias palabras, como si lo estuvieras haciendo frente a él. Recuerda que no debes hacerle reproches y mucho menos acusaciones, acá se trata de mostrar cómo están afectados tus sentimientos con la manera en que están viviendo su relación. Sin embargo no tienes porque dejar de usar palabras cariñosas o amorosas, pues debes mostrar que te importa él y que lo que más deseas es que compartan la vida con respeto, alegría y amor. Al comenzar y terminar tu carta hazlo con una palabra o frase afectuosa.
Colocar en el sobre algo como: -o la frase que mejor describa tu momento-
“Por el amor que nos declaramos, escucha mi corazón”.
No se la entregues personalmente, déjala en un lugar que la descubra cuando tú no estés. Así tal vez, evites una situación bochornosa, por sentirse forzado a enfrentar los motivos de tu dolor.
Si todavía se muestra interesado en ti, aun si muestra desgano, habrá un momento en que lo pique la curiosidad y lea tu carta. Si tu redacción y tus argumentos son apropiados, quizá se anime a dialogar contigo, o piense que efectivamente tú tienes parte de razón y se aliente a efectuar algunos cambios.
Si definitivamente no consigues un cambio en su actitud, debes ser responsable contigo misma y buscar una salida efectiva a riesgo de salvaguardar tu integridad, tus valores personales y tu amor propio. Tu estas por encima de cualquier interés mezquino o poder de seducción que ejerza tu pareja. Las mujeres que aman demasiado, tienden a creerse heroínas y equívocamente queriendo salvar al hombre porque se creen capaces de cambiarlo, terminan perdiendo su integridad y en algunos casos hasta sus vidas.
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