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La Asesoría de imagen surge como una demanda de actores, cantantes, políticos, que necesitaban la figura de un asesor para hacer efectiva su imagen en función de una carrera profesional. Al inicio solo se ceñía a cuestiones de belleza y estética como el maquillaje, los accesorios, el vestuario, el estilo del cabello, la dietética y demás características físicas. Hoy en día su campo de acción engloba muchas más áreas, como la expresión verbal y corporal, el protocolo, formas de comportamiento en público, la comunicación.
Los servicios de asesoría ofrecen soluciones estéticas y de imagen con un fin específico, pactado antes por el cliente. Son muy recurrentes en áreas como el espectáculo, el audiovisual, la publicidad, la política, la moda, para personalidades públicas.
Existen varias vías para adquirir las herramientas y convertirse en un asesor de imagen: a través del curso de Técnico Superior en Asesoría de Imagen, la Licenciatura o el Máster en Asesoría de Imagen. La clave de estos estudios radica en que los estudiantes aprenden a encontrar la manera de asesorar el estilo de un individuo conservando y respetando su personalidad: marcando la belleza en sus virtudes y escondiendo sus defectos. En ellos se imparten conocimientos de estética, de comunicación, de protocolo y usos sociales, de moda, de estilismo y de todos los recursos que pudieran complementar y hacer resaltar la imagen personal.
El asesor de imagen está cualificado para trabajar en empresas de asesoramiento, en salones de peluquería y estética, como estilista, prestando servicios a personalidades públicas.