¡Con solo 4 pistas!
Actualmente, la calidad alimentaria ha sido utilizada para el desarrollo y la diferenciación entre los productos, lo que favorece el crecimiento en la competitividad de las empresas. Por otra parte, el grado de exigencia del consumidor respecto a los productos alimenticios ha ido creciendo y diversificándose, debido a la mayor información disponible y al crecimiento de la oferta.
En los países desarrollados, el consumidor es más exigente y selectivo, a la hora de realizar sus compras. Desea conocer el origen de los productos, los métodos de producción utilizados y conocer las características específicas ofrecidas por el producto, por lo que está dispuesto a pagar un precio más alto por obtener un mejor producto.
Existen varios sistemas de control de calidad, los llamados organismos certificadores, los cuales se encargan de verificar y controlar que el producto corresponde a los atributos de valor que se le atribuyen. Estos sistemas de control, son controlados a nivel estatal o por sistemas privados de certificación en calidad.
Se puede identificar un producto certificado a través de un sello o de un símbolo de calidad en el empaquetado del producto. Cuando un producto está posicionado en el mercado con un sello de calidad, se le demostrará al consumidor que es un producto que ha cumplido con los controles y estándares de calidad respectivos.
Actualmente en Europa, el consumidor no sólo busca la calidad en un producto, sino tiene una preferencia marcada por los productos auténticos, fabricados según la tradición y producidos en la región de la cual es originaria la receta.
Existen varios sellos de calidad, que están regulados bajo la legislación común europea, la cual armoniza la legislación de cada país, entre los más reconocidos se encuentran: la denominación de Origen Protegida DOP, la Identificación Geográfica Protegida IGP, la Especialidad Tradicional Garantizada ETG y la Agricultura Biológica.