¡Con solo 4 pistas!
El contrato expresa la naturaleza del acuerdo entre las partes, así como las obligaciones para las mismas. Es por ello que en todo contrato tiene una importancia superlativa la claridad, la simetría (que haya un grado de igualdad entre las partes), la buena fe y la especificidad sobre asuntos detallados, sin dejar cabos sueltos que deban ser interpretados de manera exógena al acuerdo.
La gestión de contratos se ha convertido entonces, de acuerdo con lo mencionado antes, en una parte integrante de la organización y que requiere de la consideración de distintas variables y actores. Así, la formulación de un contrato debe contar con un equipo interdisciplinar en que se consideren los usuarios relevantes, los presupuestos, las condiciones de orden jurídico, los riesgos y los elementos técnicos.
En todo contrato es indispensable la planificación, la revisión cautelosa del mismo, y la retroalimentación con el contratista para dejar claro que la letras menuda se ha entendido a cabalidad. Igualmente importante es estudiar la vulnerabilidad del contrato (sus puntos débiles o riesgosos), y la elaboración de estrategias comunicacionales con el objetivo de que las partes firmantes comprendan en su totalidad las implicaciones y las cláusulas del acuerdo.
Teniendo en cuenta el lugar capital que ocupa el contrato en la cultura organizacional contemporánea, la gestión de contratos debe orientarse hacia la definición y clarificación de la duración de los mismos, la determinación de las prórrogas automáticas, definir las posibles recensiones, las penalidades o indemnizaciones y los estándares de calidad de cumplimiento.