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Quienes estudian relaciones públicas y las personas que toman cursos relacionados con la organización de eventos, saben que el concepto de cortesía es algo que debe observarse y seguirse con mucho cuidado. La cortesía es parte de los elementos que constituyen la llamada etiqueta social, y es una de las buenas maneras que regulan la vida social.
El objetivo de la cortesía es hacer que las personas se sientan a gusto y agradadas. El modo en que se practica, eso sí, tiene muchas maneras distintas de manifestarse. En algunos casos, la cortesía puede pasar por simples detalles, como abrirle la puerta a una persona, hacerla pasar primero o correrle la silla para que se siente. En otros, la cortesía pasa por enviar regalos o presentes en una ocasión especial. En relación a este último punto, se puede dar el ejemplo de una cortesía que no tiene que ver con una persona particular. Es el caso de un hotel o de un restaurante, cuando realizan el gesto de enviar una botella de champaña o una caja de bombones a un cliente como simple cortesía.
La cortesía también toma una forma más profesional en las relaciones públicas, ya que en este caso se trata de observar una etiqueta más específica. Dependiendo de la materia que se trate, si es una reunión, un encuentro entre personalidades o una cumbre de personajes que representan gobiernos o empresas, las reglas de cortesía pueden ser más complejas. Esto ocurre particularmente cuando se habla del encuentro entre personas de diferentes culturas, donde los gestos son distintos o necesitan modos especiales de ponerlos en práctica. Es lo que pasa, por ejemplo, cuando se trata con personas japonesas, con las que hasta el saludo ya es distinto. En este sentido, siempre es bien visto cuando el invitado es saludado en su modo autóctono o cuando, en general, siente que la otra persona está tratando de hacerlo sentir cómodo o a gusto.