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El médico que trata y diagnostica las dolencias de la piel recibe el nombre de dermatólogo. Para formarse como tal, primero hay que cursar la carrera universitaria de Medicina, que tiene una duración de seis cursos académicos, y después especializarse en medicina de la piel en los programas y exámenes de postgrado, más conocidos como MIR (siglas que corresponden a Médico Interno Residente). Estos cursos suelen durar de cuatro a seis años.
Posteriormente, se realiza un trabajo de investigación y el médico recibe el título de doctor. En estos momentos ya está habilitado para ejercer su especialización en medicina cutánea en clínicas y hospitales públicos y privados, o en consultas particulares.
La piel es el órgano más grande del cuerpo humano y el más visible. Muchas de sus enfermedades son exteriorizaciones de otras dolencias internas, por lo que un dermatólogo debe poseer conocimientos y formación en cirugía, reumatología, inmunología, neurología, enfermedades infecciosas, endocrinología, e incluso genética. Se le recomienda también ser una persona con gran capacidad de observación, con memoria visual y con un alto grado de empatía para ser capaz de comprender el miedo que generan las enfermedades cutáneas.
Además, para que su diagnóstico sea lo más preciso posible ha estar al día en las nuevas técnicas y tratamientos. La profesión exige por tanto una formación multidisciplinar y constante actualización que se puede conseguir a través de cursos de formación, congresos, asambleas, etc. En internet existe también una variada oferta de cursos online y a distancia dirigidos a dermatólogos y a médicos de todas las especialidades.