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El consumo de frutas ha sido considerado muy importante desde los orígenes mismos de la historia humana. En la antigüedad, su especial valoración llegaba al punto de otorgarles propiedades divinas o mágicas, e incluirlas entre las ofrendas a los dioses.
Entre los minerales que se encuentran en las frutas se destaca el potasio (abundante en el plátano, la papaya, el kiwi, la nectarina, la piña, entre otros) y, en las vitaminas, la C y la provitamina A, ambas con propiedades antioxidantes (presentes sobre todo, respectivamente, en los cítricos y frutas tropicales, y en las cerezas, melón y melocotón).
Entre las enfermedades que contribuyen a prevenir el consumo de frutas se destacan las cardiovasculares y el cáncer de colon. Además, al ser absorvidas fácilmente por el organismo y al mismo tiempo contribuyen a limpiarlo, las frutas resultan extraordinariamente beneficiosas. Para un mejor aprovechamiento de estas características, se recomienda ingerirlas siempre con el estómago vacío, en lugar de como postre, puesto que se digieren en el intestino delgado y no en el estómago. La mejor forma de ingerirlas es frescas o en jugos naturales hechos en el momento.
Los especialistas en nutrición y la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomiendan como cantidad mínima de consumo de frutas frescas unos 400 gramos diarios, o lo que es lo mismo: unas 5 raciones de frutas y verduras cada día (hasta 7 piezas si se realiza actividad física frecuente), distribuidos de la siguiente forma: 2 raciones de verduras y 3 piezas de frutas.