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La gerontología se encarga de estudiar física, mental y socialmente el cambio de las personas de acuerdo con su edad; se preocupa por los procesos de envejecimiento –la biogerontología-; investiga la naturaleza de la vejez y sus enfermedades –la gerontociencia-; indaga por los efectos de la población mayor en la sociedad, incluyendo aspectos relativos a los efectos fiscales, de salud, y a los planes de jubilación; y aplica todo este conocimiento a políticas y programas tanto macroscópicos –como la planeación gubernamental-, como microscópicos –los modos de funcionamiento de hogares para ancianos, por ejemplo-.
La gerontología social está relacionada con disciplinas afines, y toma elementos teóricos de la antropología, la sociología, la comunicación, la medicina, el trabajo social e incluso el derecho. Es un campo que se ha desarrollado relativamente tarde en comparación con otras ciencias y disciplinas sociales, por lo que la infraestructura educativa que se requiere para su estudio apenas viene multiplicándose. Es una disciplina que ha cobrado mayor importancia en las naciones post-industriales y que ofrece importantes posibilidades laborales con una buena remuneración.
Los gerontólogos sociales pueden tener diplomas en trabajo social, enfermería, psicología, sociología, demografía, o en gerontología. Ellos son los responsables tanto del trabajo directo con los ancianos, como de la educación, la investigación, y la promoción de los programas destinados a los adultos mayores, convirtiéndose de este modo en multiplicadores del conocimiento social sobre los mismos por medio de películas, documentales, presentaciones, artículos académicos y libros especializados.