¡Con solo 4 pistas!
La gestión estratégica tiene una diferencia sustancial con la planeación estratégica, y es que su eje central es la acción mientras el de esta es el ejercicio intelectual. Su concepción es heredera de la dialéctica, según la cual el mundo está en cambio constante y más allá de definiciones universales sobre las cosas, lo realmente importante en cualquier entorno es la acción que se tome, porque dicha acción será motivo de cambio.
Una gestión de este tipo, con un alto sentido pragmatista, no puede desgastarse en discusiones etéreas y por lo tanto debe partir de una base muy obvia: una claridad definitiva sobre los objetivos que se quieren lograr, los escenarios que quieren construirse o las imágenes de aquello que pretende alcanzarse. Una claridad en las metas permite diseñar estrategias y planes de acción que permitan obtenerlos.
El benchmarking tiene como miras siempre la calidad e implica el conocimiento del negocio como un todo, sin ignorar ninguna de las partes que lo componen o que intervienen en su funcionamiento. Pueden distinguirse diferentes temas asociados a la gestión estratégica, como la planificación, el seguimiento y la evaluación de los procesos, el marketing, la gestión financiera, el recaudo de fondos y las operaciones como tal. Toda organización debe concebirse como un ser viviente, y por lo tanto la gestión estratégica no está desligada de otro tipo de estrategias ni puede entenderse como un proceso aislado dentro de las organizaciones.