La actual crisis económica mundial, que ha adquirido dimensiones que pocos sospechaban, comenzó en Estados Unidos en el
sector inmobiliario, gracias al otorgamiento de las famosas hipotecas
subprime. Hipotecas de alto riesgo que fueron asignadas a personas con muy poca, o ninguna, solvencia económica. Esto provocó un colapso en diferentes instituciones bancarias, las cuales ya no pudieron seguir sosteniendo este frágil castillo de naipes. El impacto conmocionó las bolsas de valores y a diversos sectores productivos.
¿Qué provocó la crisis inmobiliaria?
Posteriormente, en España, el sector de la construcción también entró en crisis, aunque por una razón muy diferente: explotó la
burbuja inmobiliaria. Pero ¿qué fue esa burbuja inmobiliaria? Fue un proceso de sobrevaloración de los bienes inmuebles que se produjo entre los años 1998 y los dos primeros tercios del año 2008; fueron diez años de bonanza, en los que
la especulación hizo que los precios subieran muy por encima del IPC, gracias a la creciente demanda de vivienda provocada por la inmigración y a la escasa oferta, debida en parte a la falta de suelo edificable.
Durante estos diez años se podía construir cualquier cosa y venderse rápidamente a precios sobrevalorados, lo que
provocó que el sector de la construcción creciera desproporcionadamente en poco tiempo, con la consecuente adición laboral de mucha gente sin conocimientos ni experiencia en este campo. Esto sucedió en todos los niveles, desde inversionistas inexpertos hasta trabajadores, provenientes de otros sectores productivos, con el consiguiente desconocimiento del tema. Este crecimiento explosivo trajo consigo
diversos problemas, algunos de ellos graves, como la reducción en la calidad de muchas obras y el incremento en las tasas de accidentes de trabajo.
La crisis económica
provocó un paro brusco en el sector de la construcción, con las múltiples quiebras de compañías y el despido masivo de trabajadores.
Aunque el panorama para mucha gente involucrada dentro del sector de la construcción es negro, los expertos ven las
grandes oportunidades que ofrece esta crisis. La primera, es la
depuración del sector al impedir que aquéllos que no tienen conocimientos ni experiencia suficiente, no puedan competir dentro de un mercado altamente competitivo. De esta manera, tanto los inversionistas oportunistas que llegaron durante la burbuja inmobiliaria, como los trabajadores improvisados, tendrán que buscar mejor suerte en otras aguas, o capacitarse para poder ser competitivos dentro de este sector.
Una gran oportunidad para la formación
Y ésta es, justamente, la segunda gran oportunidad que conlleva esta crisis: resolver la inminente necesidad de una
formación de calidad en todos los niveles de la industria inmobiliaria.
Para ello se han creado diferentes
programas de formación:
Formación ocupacional. Un programa dirigido a todos aquellos trabajadores que se encuentran desempleados, ofreciéndoles cursos muy prácticos que les permitan una reinserción rápida.
Formación continua. Este programa está orientado a los trabajadores en activo, ofreciéndoles la posibilidad de actualizarse e incrementar sus habilidades y conocimientos.
Garantía social. Es un programa enfocado a jóvenes de entre 16 y 21 años que no concluyeron su educación secundaria obligatoria, con el propósito de lograr su inserción en la industria de la construcción de una manera efectiva.
Formación dirigida a colectivos desfavorecidos. Con programas de alfabetización, orientación y mediación, para ofrecer a los integrantes de estos colectivos oportunidades dentro de una economía de alta exigencia.
Ante las situaciones de crisis, la capacidad de adaptación de los individuos es lo que puede
mantener a flote su economía personal. Pero la posibilidad de adaptación depende en gran medida de la formación que puedan adquirir para ser competitivos y lograr la reinserción en el mercado laboral.