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La también llamada reanimación cardíaca será efectiva si se tienen en cuenta una serie de factores fundamentales: la rápida movilización del servicio médico de emergencias y la combinación de masaje cardíaco externo con ventilación artificial. Hay ocasiones en las que se hace necesario también el uso de desfibriladores automáticos.
Algo muy importante a la hora de aplicar una resucitación cardiopulmonar es el conocimiento de la causa u origen la parada respiratoria, así como la edad del paciente. Con estos elementos y una asistencia inmediata por parte del personal médico, se puede conseguir la máxima eficiencia frente al hecho ocurrido.
A menos que exista alguna condicionante que lo impida, todo paciente que haya sufrido un paro cardíaco debe recibir una reanimación cardiopulmonar. Existen ciertos casos (alguna instrucción válida del paciente de no recibir reanimación, señales de muerte irreversible, livideces o decapitación) en los que no se debe aplicar. Cuando las funciones vitales estén tan deterioradas que no vaya a ser positivo el resultado, tampoco debe practicarse. No es recomendable en casos de recién nacidos prematuros o con alguna complicación.
No existen (según estudios científicos) criterios válidos para predecir la insignificancia de una reanimación cardiorrespiratoria. Por tanto, siempre que haya parada respiratoria –salvo las excepciones antes descritas- debe practicarse esta acción. Se debe comprobar primeramente que la persona está inconsciente, es decir, que no reacciona a la voz ni al tacto y tampoco puede moverse espontáneamente. Si el paciente está respirando o no, es otro parámetro inicial a evaluar..