¡Con solo 4 pistas!
El rescate es una práctica del socorrismo con la que, utilizando diferentes técnicas, se procede a extraer a una persona de una situación que la tiene atrapada o confinada físicamente, como resultado de un accidente, de un desastre natural o como consecuencia de haberse extraviado.
Las labores de rescate se realizan por medio de la participación de personas cualificadas que forman parte de agrupaciones de protección civil, del ejército o por medio de voluntarios que tienen experiencia y habilidades en el manejo de técnicas de rescate en condiciones inaccesibles para la mayoría de los cuerpos de rescate tradicionales —como puede ser el caso de ciertos recates en alta montaña, en roca y en cavernas (secas y húmedas).
Después de la localización de la víctima que tiene que ser rescatada, se tiene que hacer una valoración rápida de su estado de salud, ya que esto determina las primeras acciones a realizar durante el rescate. Por ejemplo, si la víctima presenta heridas y/o fracturas, primero habrá que aplicar los primeros auxilios e inmovilizar las partes del cuerpo fracturadas, para poder moverlo.
En caso de encontrarse dentro del agua, con peligro de ahogarse, habrá que estabilizarlo en una posición en la que se pueda relajar y no corra peligro de inspirar agua (boca arriba con la cabeza levantada).
Cada labor de rescate es particular y tienen que resolverse situaciones diferentes, por lo que el rescatista tiene que ser capaz de improvisar y de buscar soluciones rápidas y efectivas a los diferentes retos que el rescate le plantea. En muchas ocasiones, el rescatista pone en juego su vida tratando de rescatar a la víctima, por lo que es considerado uno de los trabajos más altruistas y heroicos que existen.
La formación como socorrista requiere del dominio de muchas técnicas de rescate, del manejo de equipo especializado, del conocimiento y la habilidad para aplicar los primeros auxilios en condiciones, muchas veces, desfavorables. Requiere además de la preparación físico-atlética necesaria para afrontar situaciones de alta exigencia.
Esto quiere decir que, para ser rescatista, no basta con tener un buen corazón y muchas ganas de ayudar. La formación profesional y constante en diferentes técnicas de rescate es primordial para quien se dedica profesionalmente o como voluntario a esta noble labor.