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El retraso mental es una condición que aparece asociada a diversas causas de índole congénito y traumático. Se manifiesta como limitaciones en diversas áreas de habilidades adaptativas, como la comunicación, el cuidado personal, las habilidades en el hogar y sociales, habilidades escolares, etc.
El grado del daño neurológico determina el nivel del retraso mental. En muchas ocasiones está relacionado con otros problemas físicos, aunque no es necesario que esto ocurra.
El trabajo de asistencia psiquiátrico y educativo depende del nivel de la disfuncionalidad. Por ello se clasifican diversos niveles de retraso mental:
- Leve. Con un coeficiente intelectual (CI) de entre 55 y 70, y conformando el 85% del universo de casos de retraso mental, los individuos pueden desarrollar el lenguaje y aprender algún oficio simple. Con una buena asistencia durante su infancia, pueden lograr tener una vida independiente y satisfactoria.
- Moderado. Con un CI de entre 40 y 55, representan el 10% de los casos. Requieren de mayor asistencia, y se consideran como “adiestrables”, pedagógicamente hablando. Pueden llegar a desarrollar habilidades para realizar trabajos supervisados.
- Grave. Con un CI de entre 25 y 40, son el 3-4% de los individuos con retraso mental. Pueden desarrollar un lenguaje escaso o nulo. Pueden adaptarse a la vida comunitaria, pero requieren de asistencia constante.
- Profundo. Con un CI de entre 20 y 25, representan el 1-2% de los casos. La mayoría de estos casos presentan un problema neurológico identificado, asociado a su retraso mental. Requieren asistencia estrecha durante toda su vida. Pueden llegar a aprender a realizar tareas muy simples.
- No identificado. Algunos casos no pueden siquiera determinarse en su nivel de gravedad. Dependiendo del caso, podrían llegar a aprender a vivir en sociedad, respetando limitaciones e identificando las señales que las indican.
El trabajo psiquiátrico en el tratamiento de individuos con retraso mental es muy limitado, pero en muchos casos pueden observarse mejorías en ciertos niveles. Definitivamente, cuánto más atención se les preste a los individuos con retraso mental, mayores oportunidades tienen para lograr niveles de adaptación e independencia. Esta labor sólo es posible con una formación especializada, para la que existen diversos cursos de todos los niveles.