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Se usa la sedación en casos de realización de técnicas diagnósticas o terapéuticas, así como en estados de gravedad de un paciente. El sexo, la edad, el peso y el estado mental y físico definirán el tipo de técnica o fármaco a emplear para el proceso de sedación.
Existen dos tipos de sedación: la sedación consciente y la profunda. En el primer caso, el paciente se encuentra en un estado tranquilo, no dormido y mantiene todos sus reflejos. Existe respuesta al estímulo físico o verbal. En la sedación profunda el paciente se encuentra profundamente dormido, puede poseer una pérdida total o parcial de sus reflejos. No responde a estímulos físicos o verbales. Esta técnica se asocia –generalmente- con analgésicos fuertes.
Los principales tipos de fármacos que se utilizan en la sedación son: Benzodiacepinas, Propofol, Neurolépticos, Clormetiazol, Barbitúricos y Opioides. Los sedantes, de manera general, deben cumplir ciertas características que garanticen el éxito en su aplicación. A continuación se mencionan las más significativas:
Desde el punto de vista ético, existen razones contrastantes con algunas interpretaciones de los usos de la sedación, principalmente en su aplicación a pacientes en estado terminal de sus vidas. No siempre lo más racional es la salvaguarda de la vida, si esto implica un sufrimiento demasiado prolongado para el enfermo y los familiares.