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Las vitaminas solubles en agua son las hidrosolubles, en este grupo encontramos las ocho del complejo B y la vitamina C. Además hay otro tipo denominado liposolubles, como es el caso de la A, D, E y K. La mayoría de ellas solo las podemos conseguir ingiriendo ciertos alimentos que nos aportan nutrientes específicos, sin embargo nuestro organismo es capaz de producir la D y la K.
En ocasiones por prescripción médica algunas personas necesitan tomar una dosis extra de vitaminas para prevenir o tratar ciertas enfermedades. Un ejemplo de ello son las personas vegetarianas que necesitan generalmente un complemento de B12. También el organismo de los deportistas, sobre todo profesionales, demanda una cantidad extra por el esfuerzo físico realizado.
Su función principal consiste en ayudar en la transformación de los nutrientes que comemos durante el metabolismo. Por lo que es imprescindible comer diariamente frutas, verduras, cereales y legumbres. Algunos hábitos nocivos para la salud como el tabaquismo, el alcohol, drogas, café y té en exceso pueden provocar un efecto contrario y perjudicial en nuestro organismo.
Todas las vitaminas no están presentes en un solo alimento, por lo que se recomienda una dieta equilibrada. La A está presente en el queso, mantequilla, zanahoria; la D en la yema de huevo, atún, hígado; la E en aceites vegetales, chocolate, maíz; la K en aceite de soya, hígado de pescado, legumbres; la C en leche de vaca, carne, cítricos. Por último el complejo B está presente en una amplia variedad de alimentos.