Los estados modernos sostienen la resolución de los conflictos entre personas por medio de la administración de justicia, esta última ha elaborado y evolucionado desde el antiguo derecho romano hasta los modernos procedimientos judiciales.
En el afán de "hacer justicia", de ser justo por medio de una sentencia, el juez es el encargado de administrar justicia por medio de la construcción de la "verdad jurídica".
Para estos fines existen una variedad de auxiliares técnicos que, como su nombre lo indica, asisten al juez sobre problemáticas que requieren conocimientos técnicos específicos que puedan resultar de interés a la causa judicial en curso.
Es en este espacio donde el psicólogo forense (psicólogo en función forense) encuentra donde desplegar parte de su practica profesional sin perder de vista su calidad de "extranjero" en el campo jurídico, como así también la necesaria adopción de los criterios formales que el acto pericial supone.
En estos procedimientos subyace una superposición discursiva que comprende figuras y conceptos no solidarios entre sí, la noción de sujeto que la
psicología supone, en especial el
psicoanálisis, dista mucho de la figura de persona jurídica que el derecho proclama.
Mientras que en un campo se busca rescatar y hacer emerger lo propio de la subjetividad, en el otro se produce una abstracción del sujeto y su palabra materializada en el principio de que nadie puede ser representado por sí mismo, el sujeto en el campo jurídico es hablado por otros.
De todas formas no hay que perder de vista que el Derecho necesita formalizar esta borradura del sujeto para que los engranajes del procedimiento judicial funcionen.
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