Cómo podemos saber que hemos elegido la mejor Escuela Infantil para nuestro hijo?. La respuesta nos la dará el tiempo una vez haya empezado el curso escolar y los días y las semanas transcurran más o menos plácidamente. Pero antes de ello, las entrevistas con los directores, las visitas a las guarderías, las conversaciones con los educadores y los comentarios informales de los padres de los niños que asisten a los diferentes centros deben darnos las pistas en las que basaremos la difícil decisión. Con unas pautas sencillas y escuchando nuestra intuición, tendremos mayores garantías de que la escuela elegida es la que nos conviene a todos.
Elegir Escuela Infantil para nuestro hijo pequeño no es fácil. Podemos tener la suerte de saber a qué Centro le llevamos desde el primer momento porque conocemos bien alguno, pero lo habitual es tener que pasar por toda una serie de entrevistas y visitas a escuelas y guarderías sabiendo poco en qué detalles fijarnos o qué preguntas hacer.
Podremos elegir entre un Centro Privado, propiedad de una persona, una asociación o una institución determinada, en el cual habitualmente las mensualidades serán más elevada y los horarios más amplios y flexibles, o un Centro Público en el que pagaremos menos y tendremos horarios más estrictos y más vacaciones.
Tener una pauta con una serie de sugerencias puede ayudarnos en la observación del Centro y en las preguntas que formularemos al director o a los educadores que nos atiendan:
Los educadores: Debemos saber su titulación y observaremos el trato hacia los niños y de los niños hacia ellos, así como la relación entre colegas que nos dará una idea del ambiente de trabajo.
Los espacios: Deben ser amplios, luminosos y seguros.
La ratio educador/niños: Los menores de un año deben ser 8 niños por educador, hasta dos años los grupos tendrán como máximo 13 niños y de 2 a 3 años en total 20 niños por educador.
La línea educativa: Ha de estar concretada. Conviene que nos interesemos por los objetivos psicomotrices, de contenidos, de adquisición de hábitos y de estimulación sensorial.
Las necesidades educativas especiales: Si nuestro hijo requiere ayudas concretas debemos asegurarnos de que se comprometan a facilitársela y de que disponen de los medios para lograrlo.
Los aseos y los cambiadores: Las aulas de los niños a partir de dos años deben tener lavabos propios y los cambiadores de los bebés han de facilitar al educador vigilar al grupo cuándo él esté cambiando a un niño.
La comida y el comedor: Preguntemos si la comida se hace en la propia escuela o si la sirve una empresa especializada. El comedor debe ser una sala de uso exclusivo para facilitar la higiene y la limpieza.
La hora de la siesta: Hemos de saber si duermen todos juntos o por clases, si tienen hamaquitas, si los tapan en invierno y qué pasa si un niño no quiere dormir o si se despierta antes de hora.
El área de recreo: Por cada 9 aulas deberá haber un patio de uso exclusivo para el Centro de 75 m2 como mínimo. Comprobemos que hay material de juegos al aire libre suficiente para todos y que las estructuras de juego cumplen las normas de
seguridad.
Servicios profesionales: No es obligatorio, pero es mejor que tengan pediatra, psicólogo y pedagogo.
Por último, matriculemos a nuestro hijo en el centro más acorde a nuestras expectativas. Eso nos ayudará a no dudar en los momentos de crisis que, probablemente, atravesaremos.