Muchas veces, los padres estamos convencidos de que el bebé ya nos "habla" a los pocos meses, aunque los demás no puedan entenderlo, y secretamente pensamos que nos llama, que nos explica lo que quiere, que sabe lo que pensamos. Se trata, desde luego, de una comunicación indefinida, pre-lingüística, pero muy satisfactoria. Sabemos que aún tiene que recorrer un largo camino antes de "hablar", pero estas primeras vocalizaciones, el primer balbuceo de nuestro bebé, es uno de los momentos más emocionantes de su desarrollo.
El balbuceo es la primera etapa en la adquisición del lenguaje, una etapa que ocupa, aproximadamente, el primer año de vida, y que consiste en producir sonidos más o menos al azar. Durante este periodo, el bebé comienza a descubrir su entorno y a establecer sus primeras relaciones con él, especialmente con las personas (los padres, los hermanos, los cuidadores...); aún no sabe expresarse conscientemente, pero ya comienza a mantener intercambios con los adultos: sus primeras "conversaciones". Se trata, por tanto, de un periodo crucial en su aprendizaje, porque comienzan a establecerse las reglas que rigen la comunicación.
Durante esta etapa del balbuceo podemos identificar diversas fases de desarrollo, claramente diferenciadas, en las que, paulatinamente, surgen las primeras vocales, las primeras entonaciones, las primeras palabras. Podemos distinguir cuatro fases:
Las primeras vocalizaciones o pre-balbuceo (entre 1-2 meses).
El balbuceo canónico o balbuceo propiamente dicho (entre los 3 y los 7 meses).
El balbuceo selectivo (desde los 8-10 meses).
El balbuceo residual, ya dentro de la primera etapa lingüística (hacia el año de vida: desde los 12-14 meses).