El juego es un aspecto central durante la
infancia de nuestros hijos. Es más, su desarrollo integral es inseparable de la actividad lúdica y depende, sobre todo, de que pueda jugar a sus anchas. El niño aprende jugando. Cuanto más juegue más cosas aprenderá y más rápidamente lo hará. Pero no seamos exigentes. No debemos pensar en el juego como un medio que tiene una finalidad. El juego es y debe ser un fin en sí mismo.
La imitación: mil posibilidades de jugar
Casi todo lo que aprenden nuestros hijos lo hacen a través de la imitación. Por eso es bueno ofrecerle nuevas y variadas situaciones:
Cuando hacemos alguna actividad ofrecerle un objeto con el que pueda hacer lo mismo que nosotros.
Escenificar momentos cotidianos en secuencias de dos acciones (a un muñeco, darle de comer y acostarlo).
Jugar a los turnos. Son juegos en los que ahora me toca a mí (realizo una acción) y luego a ti (la otra persona la repite).
Socialización del juego
Nuestro hijo no descubrirá la dimensión social del juego hasta los 3 años. Seguirá tres etapas:
El juego paralelo: El bebé empieza a jugar solo en medio de otros niños que también juegan solos.
El juego asociativo: El niño juega en presencia de otros niños. Juegan a hacer lo mismo, pero no interactúan.
El juego cooperativo: Alrededor de los 3 años de edad, los niños se organizan para jugar, se dejan los juguetes, aceptan normas y juegan a representar papeles.
Jugar o tener un juguete
El mercado está atiborrado de juguetes, pero debemos aprender a diferenciar el hecho de "jugar", del objeto "juguete". Para jugar no siempre necesitamos un juguete y no siempre un juguete permite jugar. Es importante saber escoger el juguete más adecuado para nuestro hijo, al que se le saque el máximo partido y permita jugar de maneras diferentes.