La neurología asiste a una revolución tecnológica que permite ahondar en los conocimientos que se tienen acerca del cerebro y de su funcionamiento. Es en este órgano donde ocurren biológicamente los procesos de aprendizaje y muy pronto, neurólogos, pediatras, médicos escolares, psicólogos, pedagogos y educadores deberán trabajar conjuntamente para completar el rompecabezas que implica el fenómeno educativo. Las investigaciones neurológicas más recientes ya han permitido avalar las ventajas del aprendizaje temprano.
¿Pueden aportar algo la neurología evolutiva, la neurología pediátrica y la neuropsiquiatría en los procesos de aprendizaje de nuestros hijos? Estas disciplinas están experimentando unos avances tecnológicos que pueden resultar revolucionarios para el mundo educativo. Pruebas como la RMN, la TAC y sobre todo la TEP, están consiguiendo cartografiar el cerebro hasta tal punto que ya podemos fotografiar el pensamiento y explicar científicamente las emociones, los recuerdos y en general las conductas.
Nacemos con un número y disposición de neuronas genéticamente determinados en parte pero también potencialmente modificables en función de los estímulos recibidos durante los primeros años de la vida.
Esto implica una revisión del concepto tradicional de educación: los padres somos los mejores y más decisivos maestros para nuestros hijos y los conocimientos académicos no deben reservarse exclusivamente a la figura del profesor.