Es paradójico que hayamos comprado un móvil a nuestro hijo y no podamos comunicarnos con él porque está todo el día hablando por teléfono con sus amigos. Así aumentan las causas que nuevamente nos separan de él: el lenguaje específico, los mensajes, las continuas regañinas por el excesivo gasto telefónico... ¿Es que los móviles no sirven para nada bueno?
Hemos comprado un móvil a nuestro hijo para que pueda comunicarse con el resto de sus amigos y para tenerlo "controlado" y no sufrir por lo que hace o deja de hacer. Pero la realidad con la que nos encontramos es muy diferente a la que nos habíamos imaginado. El móvil no ha mejorado la comunicación con nuestro hijo, al contrario. Ahora se pasa todo el día colgado del móvil y ya no tenemos, ni siquiera, la oportunidad de hablar con él. Para colmo, se envía con sus amigos mensajes incomprensibles que sólo ellos comprenden, provocando un silencio cada día más grande en la comunicación familiar. Ante esto, ¿qué podemos hacer?
El uso del móvil por parte de los adolescentes es muy diferente al que hacen los adultos. Poner ciertos límites según la edad y el grado de madurez y autonomía es de vital importancia si no queremos que el teléfono móvil convierta a nuestro hijo en un desconocido.