Estamos acabando de cenar, nuestro hijo ha cenado ya hace rato y está sentado en el sofá gesticulando como si también él estuviera cenando todavía, masticando, bebiendo de un vaso invisible y limpiándose la boca con una servilleta inexistente. Está imitando lo que ve. Estos juegos simbólicos o de imitación permiten a nuestro hijo conocer mejor la realidad en que vive. Nosotros podemos ayudarle a tomar contacto con el mundo que le rodea estimulando su razonamiento y permitiendo que se arriesgue en sus interpretaciones y extraiga conclusiones.
Las capacidades intelectuales del niño de 4 años están en plena evolución, y es en esta edad cuando el niño adquiere habilidades y destrezas nuevas que le permiten desenvolverse de una forma más eficaz.
Posee la capacidad de generar símbolos que utiliza sobre todo en el juego. Estos juegos simbólicos o de imitación le permiten conocer mejor la realidad en la que vive.
A los 4 años todavía no puede hacer una distinción entre la realidad y la fantasía. Su pensamiento está impregnado de imaginación y cree en todo lo que ve o se le dice.
Esta etapa está caracterizada por una serie de fenómenos propios del pensamiento del niño de 4 años que irán desapareciendo a medida que crece y va evolucionando su inteligencia:
Centraje. Se centra en un único aspecto de la situación u objeto.
Irreversibilidad. Sigue un proceso pero no es capaz de imaginárselo en sentido inverso.
Concreción. Confusión entre la realidad y la fantasía.
Egocentrismo. Todo gira en torno a él.
Animismo. Todo tiene vida.
Artificialismo. Todo está fabricado por los hombres o por Dios.
Omnipotencia. Los adultos lo saben todo.
Finalismo. Todo tiene una causa.
Fenomenismo. Confusión entre la causa y el efecto de los sucesos.