Alrededor de los cuatro años, nuestro hijo inicia una nueva etapa vital en la que va a descubrir el placer de vivir rodeado de gente. Abandona paulatinamente su apego hacia nosotros, ya no siente la necesidad estar siempre tras nuestros pasos e incluso experimenta la sensación de que ya no le bastamos para divertirse: necesita gente distinta y nuevos alicientes. Empieza a comprender lo divertido que resulta relacionarse con otros niños de su misma edad con quienes comparte intereses, y pronto toma conciencia del inmenso placer que supone el ser independiente de los mayores.
A los cuatro años nuestro hijo empieza a relacionarse con personas ajenas a su entorno familiar inmediato. Aunque la familia sigue ejerciendo una gran influencia en él y los padres seguimos siendo las figuras más importantes en su vida, necesita a sus amigos para jugar, comienza a compartir y respetar algunas reglas, a imitar determinados comportamientos de los adultos, a identificarse con los amigos de su mismo sexoý Se está socializando, está aprendiendo nuevas pautas de conducta, está madurando.
Los dos contextos educativos más importantes para el desarrollo social de nuestro hijo en esta edad son la familia y la escuela. La escuela complementa al hogar facilitando la progresiva integración de nuestro hijo en la sociedad.
En el colegio, el niño se adaptará a un ritmo de vida, actividades, horarios, normas y comportamientos diferentes a los que ha seguido hasta ahora en casa. La escuela le brindará la posibilidad de "entrenarse" en el nuevo mundo de las relaciones humanas.
Sigue siendo bastante egocéntrico pero empieza a aprender nuevos valores como respeto, compañerismo y amistad aunque muchas veces le cueste compartir sus juguetes y sus cosas.
El juego es el medio más importante para relacionarse con los otros. Empezará a jugar en pequeños grupos y normalmente con niños de su mismo sexo, respetando ciertas reglas y esperando su turno cuando haga falta. El juego simbólico es muy recurrente, ya que le gusta imitar acciones que ha visto previamente adoptando el papel de diferentes personas o animales, tanto del mundo real como del de ficción.