"Mi hijo está triste y desanimado. No tiene ganas de jugar ni de salir con sus amigos. ¡Y sólo tiene 7 años! No entiendo lo que le pasa... no lo entiendo."
Nuestros hijos también pueden tener estrés. Nosotros podemos ayudarles a superarlo, a veces, tan sólo escuchándoles. Conocer por qué nuestro hijo está tan ansioso nos permitirá comprenderle y ayudarle.
El ritmo vertiginoso de la vida adulta afecta también a nuestros hijos. El no disponer de tiempo libre se está convirtiendo en un valor en alza en la sociedad de nuestros días. Procuramos que nuestros hijos aprendan lo máximo posible, y es por eso que, a veces, los sometemos a demasiadas actividades extraescolares. Debemos recordar que no es beneficioso para el niño seguir estos ritmos horarios tan invasores, pero eso no significa que no deban hacer dichas actividades, sino que han de realizar las que nuestros hijos puedan asumir y no más.
Es importante ser conscientes de que nuestra actitud ante la vida, nuestros comportamientos y reacciones ante las situaciones complicadas que se nos presentan resultan ejemplos a imitar para nuestros hijos.
El estrés es una respuesta normal de nuestro organismo ante una situación que implica activación y concentración. Se convierte en problema cuando estas respuestas se prolongan en el tiempo y cuando tiene efectos negativos sobre la salud física y psíquica. Incluso pueden llegar a producir depresión.
Las situaciones estresantes también obedecen a un carácter evolutivo, es decir, para cada edad existen unas situaciones más proclives a generar estrés:
Los factores estresantes en un niño de 0 a 6 años están relacionados con el contexto familiar.
En niños de 7 a 12 años, las situaciones vinculadas a la vida escolar son la principal causa del estrés.
En los adolescentes, de 13 a 18 años, los aspectos relacionados con la apariencia física, aceptación de nuevas y crecientes responsabilidades, inicio de las primeras relaciones de pareja, etc. son las situaciones estresantes más comunes en esta etapa del desarrollo.
El éxito de una buena adaptación a una situación estresante depende de:
La valoración que hace nuestro hijo sobre la situación en concreto.
Las habilidades que tiene para afrontarla.
La capacidad para expresar lo que siente.
La propia personalidad.
El apoyo familiar y afectivo.