La asimilación de valores por parte de los hijos se produce a partir de dos procesos de actuación que los padres podemos ofrecer de manera correlativa. Un proceso de inmersión cuando son pequeños, en el que nuestro ejemplo de padres les induce a imitar nuestra conducta, y un proceso de convicción intelectual, cuando empiezan a ser mayores, en el cual se les convence por la fuerza de la razón, mediante el diálogo.
¿Hay alguna manera de enseñar a mi hijo a apreciar los valores que yo considero importantes? Existen dos procesos para hacerlo: la inmersión y la convicción intelectual.
La inmersión. Referido a la
educación de los valores, "inmersión" se refiere a hacer que nuestro hijo esté, desde el primer momento en que llegó a nuestra familia, inmerso en un ambiente en que nuestras maneras de actuar dan testimonio de los valores que intentamos comunicar.
La convicción intelectual. No es otra cosa que apreciar algo como bueno, conveniente o útil para sí mismo o para los demás mediante el razonamiento lógico. Es un recurso que se puede utilizar cuando nuestros hijos son un poco mayores, cuando, paralelamente a su llegada a la
adolescencia, comienzan a tener recursos intelectuales suficientes para establecer relaciones entre distintos valores y para deducir las posibles causas y consecuencias de las diferentes maneras de comportarse.