"Me cuesta comunicar con mi hijo, y eso que me intereso mucho por lo que hace, pero nunca sigue mis consejos ni confía en mí cuando tiene problemas." ¿Te has sentido así alguna vez? ¿Crees que necesitas revisar la manera de comunicar con tu hijo? Escuchar atentamente es el primer paso que nos permitirá conocer qué preocupa al niño y cuál es su estado emocional.
Las conversaciones que mantenemos diariamente con nuestros hijos derivan, indefectiblemente, en una comunicación abierta o cerrada. La comunicación abierta se basa en la escucha activa y reflexiva tanto de las palabras del niño o joven como de sus sentimientos (expresados verbalmente o no).
En la comunicación cerrada en cambio, la escucha es pasiva. No dejamos lugar para que el niño muestre lo que siente y lo que piensa, y en el caso de que sí se lo permitamos, nos apresuramos a negar sus sentimientos o a infravalorarlos.
Existe una tipología de padres basada en las respuestas que cierran la puerta de comunicación con sus hijos:
los padres autoritarios
los que hacen sentir culpa
los que dan conferencias
los que quitan importancia a lo que ha pasado
Mantener una comunicación abierta a lo largo de la
infancia y la
adolescencia de nuestros hijos nos ayudará a tener menos enfrentamientos con ellos, a mantener un clima de
seguridad y confianza mutuas y a sentirnos más satisfechos de nuestra labor de padres. A ellos les ayudará a no sentirse solos, a sentirse valorados y reconocidos, a reafirmarse en su vida y a ser personas emocionalmente estables.