Resucitar un Aston Martin, un Hispano Suiza o un Bugatti de los años cincuenta es un sueño al alcance de unos pocos. Se necesita dinero, pero, sobre todo, mucha paciencia: desengañémonos, es una tarea mucho más ardua que cambiar el aceite al coche. Todo un arte, pero con un guión muy estricto.
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