Existe un costo llamado depreciación que corresponde a un dinero que no es desembolsado cada año de la misma forma que los recursos gastados para comprar semillas, abonos plaguicidas, vacunas, combustibles, pagar la mano de obra contratada, pero que debe ser siempre incluído en las cuentas de la propiedad rural. Es necesario que el precio de cada kilo de soja, algodón o litro de leche alcance para pagar, al término de un cierto número de años, la reposición del tractor, de las mejoras, de los animales reproductores o lecheros, y si fuera el caso, de los cultivos permanentes, como los yerbales o frutales.
Como ese costo es de cierto modo invisible, especialmente en los primeros años, cuando las máquinas y mejoras aun están casi nuevas, ni siempre los productores se recuerdan del mismo. Es en el momento en que la máquina se destruye y se hace necesario comprar otra que el productor se dará cuenta de que estaba equivocado al no haber previsto este componente.
Sin la depreciación no se puede tener una correcta evaluación de lo que pueda representar beneficio o pérdida cada año. Las máquinas, instalaciones, implementos, animales reproductores medios de producción que no se consumen inmediatamente, como ocurre con los fertilizantes y otros insumos forman el llamado capital fijo. La depreciación es un costo que debe ser compensado para que se pueda reponer ese capital fijo desgastado a lo largo de los años.