Los exámenes y las pruebas de validación generan ansiedad tanto a los alumnos como a los profesores, si bien en grados diferentes y por motivos diversos. Ahora y aquí nos ocuparemos de la ansiedad de los primeros, aunque la de los segundos pueda ser a veces igual o superior porque, en conjunto, el número de alumnos es muy superior.
Estudios clásicos como los de Dobson (1983) nos informan de que, aparte de los casos propiamente psiquiátricos como la esquizofrenia y los trastornos maníaco-depresivos, aproximadamente un 10% de los estudiantes universitarios experimenta problemas psicológicos serios que necesitan algún tipo de apoyo durante el período de crisis o cortos períodos de
psicoterapia. Además, en torno a un 20% presenta de forma transitoria trastornos de tipo psicosomático, con manifestaciones que afectan fundamentalmente a los sistemas inmunológico, digestivo y dermatológico, y mayoritariamente vinculados con el
estrés preexamen. La compleja relación entre ansiedad, dificultad de la tarea, y eficiencia o rendimiento ha sido bastante estudiada desde las primeras demostraciones de la ley de Yerkes-Dodson (1908) en un trabajo sobre los efectos de la
motivación en el aprendizaje discriminativo, que se ha convertido en referente de las teorías sobre realización de tareas bajo situación de estrés como el examen.
Aunque a menudo se dan algunas diferencias terminológicas, aquí utilizamos como prácticamente sinónimos los términos ansiedad (de anxietas, 'incomodidad', 'inseguridad'), angustia (de angustia, 'estrechez', 'constricción', 'ahogo') y estrés o stress (de stringere, 'estrechar', 'oprimir').
Los costes asociados a la disminución de rendimiento del estudiante universitario ante el examen, que puede estimarse en cerca de un 20%, constituyen una parte significativa de los costes del fracaso académico, que suele situarse en torno a un 40%. Estos costes pueden considerarse de subactividad o simplemente derivados de la ineficiencia en el uso de los recursos, y son relevantes en el sistema de evaluación universitario. Cualquier política de planificación universitaria que plantee cambios en el modelo de evaluación debería considerar su impacto.
Fuente: http://www.uoc.edu &