En los últimos treinta años, nuestra sociedad ha experimentado una gran transformación, motivada por la aparición de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, que también ha comportado un cambio en la economía. Esta interacción entre economía, tecnología y sociedad, que ya se había producido en períodos anteriores de la
historia, tiene como elemento determinante el conocimiento.
Este período de transición de una economía industrial, basada en el ámbito nacional, a una economía del conocimiento, basada en la globalización o mundialización, implica un salto adelante en el proceso de crecimiento del capitalismo, base de esta nueva economía, con una dinámica expansiva vinculada con las innovaciones tecnológicas. Hasta ahora, el efecto más importante de la innovación tecnológica en el ámbito económico es una eficacia mayor, con la aparición de la empresa red, que se adapta más a la demanda cambiante.
En este nuevo contexto, se cuestionará el modelo tradicional del estado del bienestar y se abrirá un debate sobre la equidad potencial y la ineficacia en la distribución de recursos por parte del sector público, ante una distribución de la renta mundial desigual y unas políticas neoliberales que frenan el crecimiento económico y las mejoras de bienestar. Esta aproximación cuestiona las funciones y la sostenibilidad del estado del bienestar, a causa de la incapacidad de las economías de financiar más prestaciones sociales para una población cada vez más envejecida.
Algunas tesis llegan a afirmar la incompatibilidad del estado del bienestar con la consolidación de la economía global del conocimiento y los incrementos de productividad y competencia. No obstante, se consolida un modelo de transición, liderado por los países escandinavos, en que el sector público está al frente de la distribución de recursos para la innovación en el sistema formativo, básicos en la economía del conocimiento. Finalmente, el estado del bienestar moderno tiene que conservar los objetivos primigenios, pero debe cambiar su orientación, dejar que la empresa sea el motor de la economía del conocimiento y acompañarla, siguiendo un modelo competitivo basado en las capacidades de aprendizaje, en el trabajo cualificado y en red, en la innovación y en las actitudes emprendedoras.
Fuente: http://www.uoc.edu