La tierra es nuestra casa y junto con nosotros la de innumerables seres que vienen a la vida, con los cuales formamos una cadena infinita e inagotable de vida. La tierra nos sustenta como a sus hijos, nos da casa, abrigo, alimento, goce. Todo se nutre de ella, todas las criaturas encuentran allí su alimento y su hogar. Podemos caminar con los pies descalzos, rodar y también aplicarla sobre nuestro cuerpo, ella nos ayudará a fortalecernos, a sanarnos. Sólo basta hacer la prueba a la que todos estamos invitados ya que sí, está al alcance de todos. El hombre a lo largo de su historia ha recurrido a su ayuda para superar dolencias y males que lo han aquejado siempre. Médicos egipcios, griegos, árabes, conocían y aplicaban sus virtudes. Más acá en el tiempo, en el siglo XIX, también los alemanes Kneipp, Khune, Just, el francés Dextreit. En el siglo XX, Eduardo Alfonso, Manuel Lezaeta, comprobaron con su experiencia lo útil y beneficiosa que resulta para el hombre. Popularmente es usada por el hombre de campo para aliviar en caso de picaduras de insectos. También los animales, por su instinto, conocen sus propiedades y a ella recurren para curar sus heridas.