Existían viejas leyendas con numerosas referencias a la posibilidad de movimientos a través del aire como por ejemplo la de DEDALO e ICARO. Ciertos sabios antiguos creían que para volar seria necesario imitar el movimiento de las alas de los pájaros o el empleo de un medio como el humo u otro más ligero que el aire.
Hacia el siglo V de nuestra era se diseño el primer aparato volador: la cometa o papalote. En el siglo XIII el monje ingles Roger Bacon tras años de estudio, llegó a la conclusión de que el aire podría soportar un ingenio de la misma manera que el agua soporta un barco.
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