Una interfaz, además de adaptarse, puede modelar los estados anímicos del usuario, ya sea implícitamente (a través de la
estética), o explícitamente, es decir, expresando �afecto�. Los estados afectivos del sistema no son como los del usuario, pues estos son simulados (los sistemas no sienten, o por lo menos ninguno que conozcamos).
Fuente: www.nosolousabilidad.com