Lo visto hasta ahora constituye una prueba más de hasta qué punto la explosión de una serie de tecnologías, cada vez más instaladas en el seno de nuestras relaciones y formas de comunicarnos, convulsiona nuestros límites y geografías intelectuales y políticas, antaño más o menos seguras, y nos demanda discusiones y soluciones imaginativas para hacer frente a los retos actuales. La
educación, en tanto que fenómeno social y cultural, no es ajena a dichos cambios ni a la necesidad de un debate sobre sus transformaciones y su futuro papel en las sociedades y formas de interacción y convivencia que se avecinan. Tal como apunta Perelman, «lo hiper en la educación a distancia no sólo se refiere a la extraordinaria velocidad con la que hoy se desarrollan las tecnologías de la información, sino a un grado de conexión sin precedentes entre el conocimiento, la experiencia, los medios y las mentes».1 Y como hemos visto, el
e-learning constituye, a la par, una de las mayores esperanzas, así como una de las mayores preocupaciones para educadores, politólogos, investigadores y demás actores sociales interesados en el fenómeno educativo. Si algo se pone de manifiesto a lo largo de los textos y discusiones que tienen lugar en este monográfico es que el e-learning es un campo tan polifacético como polisémico. Sin duda, siguiendo a Maturana, hemos visto que hay distintas y variadas formas de lenguajear el e-learning, de darle forma de palabras, de definirlo, de orientarlo, de vincularlo al mundo.2 Evidentemente, cada una de ellas conlleva correlatos e implicaciones distintas y cada una de ellas refleja y a su vez da forma a una determinada sociedad.
Fuente: http://www.uoc.edu