La
escritura, un medio para alcanzar la felicidad , por Mar Cantero SánchezMar Cantero La escritura no es un fin, sino un medio para transmitir al mundo nuestros pensamientos, emociones y sentimientos más íntimos. Es, como todas las artes, una forma de expresión con la que regalar al mundo, la mirada especial y específica de quien escribe. Pero la escritura es mucho más que arte, pues a través de ella los que escribimos conectamos con nuestro subconsciente para escucharle, comprenderle y al mismo tiempo, hacernos entender, consiguiendo esa unión mente-corazón que es sin duda, la gran puerta hacia la felicidad interior. Como escritora y directora de talleres literarios, desde hace ocho años, he tenido la oportunidad de observar de cerca, en mí y en muchas otras personas, el profundo cambio que se experimenta al escribir. En este artículo, pretendo mostrar cuáles han sido los hechos que me han llevado a descubrir que, la escritura es una herramienta maravillosa que sirve para alcanzar la felicidad. En primer lugar, los músculos de los rostros de las personas se aflojan visiblemente cuando se dejan llevar por el bolígrafo que sostienen en su mano o mientras sus dedos bailan diestros por un teclado, en esos largos momentos en los que se adentran en las sensaciones de un personaje y en los acontecimientos que ellos expresan sobre el papel, sin tener plena conciencia de haberlos creado a ambos. Al escribir, la persona sufre un proceso de cambio reparador que alivia todas las cargas que sobrelleva en su realidad cotidiana: las preocupaciones; los temores; los arrepentimientos; los planes; etc. Este abandono temporal de uno mismo es ya un gran remedio contra los males que aquejan la mente y el alma, pero no es el único beneficio por el que escribir conduce a la felicidad. Cuando una persona crea un personaje y describe una situación que le da la vida, entra en un proceso de transformación de sí mismo, en el que desarrolla ampliamente su empatía, lo cual le convierte en un observador extraordinario, en un experimentador de otras circunstancias, similares o no a las propias. Al crear reacciones y acciones diversas en el personaje ante sus circunstancias, se adquieren habilidades como la comprensión; la compasión; la facilidad para identificarse con otro ser, que puede actuar de forma muy distinta a como lo haría quien escribe. Esta habilidad posibilita la misma comprensión y empatía en la vida real, y aleja de juicios, críticas, y otros desastres que niegan la felicidad interior a quien los hace, mucho más que a quien los recibe. Después está el desarrollo de la imaginación, la práctica de inventar seres y lugares creados con la única intención de darles vida para que puedan disfrutarla como las personas. Sentirnos dioses creadores de mundos que, es posible, que nos sean más afines de lo que creemos. El inconsciente nos revela un universo creado y lo hace en el único
lenguaje que conoce, el de la imaginación. Como un niño, se expresa desde la espontaneidad e inocencia de quien no teme a nada, por desconocimiento. Al escribir nos dejamos llevar por el subconsciente, uniéndonos a él, aportando las habilidades conscientes a esa unión y permitiendo ser guiados por nuestro niño interior. Es un intercambio de capacidades, de poderes que van a usarse a través de un medio de expresión como poderosa herramienta de conexión entre la realidad exterior y la realidad interna. Quien escribe es feliz mientras está escribiendo, pues siente que al abandonarse, se halla. Porque para encontrarse a uno mismo, primero hay que decidir perderse, olvidarse y perder el control. Y es cuando dejamos de intentar sostener lo insostenible, cuando comprendemos que todo nuestro interior se sostiene por sí mismo, sin necesidad de nuestro esfuerzo constante y consciente, sino todo lo contrario, de nuestra aceptación silenciosa y pacífica. La persona que escribe desprende siempre algo de sí misma sobre el papel. Esta actitud de compartirnos, nos libera de disfraces y armaduras, en un acto de entrega total, muy beneficioso para el bienestar, porque todos necesitamos de algún tipo de relación desinteresada con nuestros semejantes, y escribir es un acto de generosidad y altruismo infinitos. Tras haberme dado cuenta de que el acto de escribir, hace felices a las personas, pude observar mi propio trabajo como escritora, donde la
escritura ha llegado a convertirse en una necesidad intrínseca, pero además de personajes inventados en universos creados por mi imaginación, he podido comprobar que siempre me permito un tiempo para escribir, dirigiendo la escritura a mí misma directamente. Y he sabido además, que muchos de mis alumnos también lo hacen. Cada uno de ellos suele escribir en un cuaderno en el que narraban sus miedos, sentimientos y emociones. Ese cuaderno, al que llamo “cuaderno del bienestar” es un espacio al que recurrir cuando se necesita, cuando uno quiere hablarse a sí mismo sin intermediarios, y es similar al rezo, a la oración, en cuanto a intimidad se refiere. Además los temores, al ser expresados, disminuyen en tamaño y en importancia, lo cual facilita el acceso a la felicidad. La conexión que crean las palabras escritas, entre el subconsciente y la propia conciencia del escritor, me ha dado la última de las claves que necesitaba saber, para empezar a utilizar la escritura como herramienta para alcanzar la felicidad. El hecho de unir ambas maneras de expresión, la literaria y la íntima, da un buen resultado. He ideado un taller literario en el que el fin primero y último es alcanzar el bienestar a través de la escritura. Todo ello, tras estudiar minuciosamente las distintas técnicas de la
literatura, aprovechando todas sus ventajas y seleccionando las que posibilitaban la libertad necesaria para hallar el camino que buscaba, literariamente. La
poesía, por ejemplo, se escribe desde la necesidad de exteriorizar los sentimientos, generalmente de dolor, de dentro afuera. La prosa sin embargo, es más sagacidad y desenvoltura, menos emocional y por lo tanto, más pensada, hace falta más tiempo físico para escribirla y al hacerlo, los sentimientos pueden ser, no tenidos en cuenta fácilmente. Pero en ambas, la imaginación, es decir, el subconsciente, trabaja en unión con el consciente que sirve de embudo para la expresión del interior. La persona que escribe, es utilizada por su imaginación, durante lo que llamamos inspiración y una vez terminada la
escritura, se asombra y no parece reconocerse en lo escrito. Por ello, me he preguntado si es posible intercambiar este hecho y utilizar la imaginación a favor de quien escribe. En lugar de ser un instrumento de la imaginación, utilizar la imaginación a nuestro favor, convirtiéndonos conscientemente en la parte dominante, pero participando aún del proceso de la inspiración, facilitada por una serie de ejercicios pensados y elaborados para este fin y otros igual de provechosos. Es posible imaginar para nuestro beneficio y bienestar. No solo permitiéndonos el alivio de expresar nuestras sensaciones y dolores en un papel, sino a través de una escritura guiada, con unas técnicas o ejercicios de escritura que propician dar un paso hacia varios fines y resultados positivos: el auto conocimiento; la autoestima y la valoración real de uno mismo; la comprensión y aceptación de nosotros y de los demás; el desarrollo de la intuición al hermanarnos con el subconsciente; la creación de nuestro entorno ideal; la elección y toma de decisiones con libertad; la aceptación y superación del pasado; el aprendizaje del perdón; la forma de convertir nuestros sueños en una realidad; y la sensación consciente y constante de vivir el presente. Un escritor sabe que no existe una única realidad en este mundo, sino que hay realidades distintas para cada uno de nosotros, y sabe también que la realidad puede crearse, transformarse, cambiarse y sobre todo, mejorarse. Para un escritor, todos somos dioses creadores de nuestro día a día. A través de la realización de los ejercicios de escritura guiada, esto se aprende fácilmente, sin dolor y solo con un pequeño esfuerzo de profundización en nuestro interior, que suele estar reflejado fielmente en el exterior. Estos ejercicios no buscan nunca el derrumbamiento emocional de quien los realiza, con ellos se trabaja siempre desde una actitud positiva, porque es con optimismo como se consiguen las cosas. Tampoco busca imposibles como la desaparición del miedo o mantener la eterna lucha que las personas tenemos con nuestros temores. Por el contrario, al hacer los ejercicios se consigue una aceptación del temor, que lleva inevitablemente a su disminución, convirtiendo al miedo en un amigo y aliado, que se mantiene alerta, ocupando sabiamente un lugar a nuestro lado, desde donde no impide la libertad de acción ni la toma de decisiones, sino que apoya y anima con su presencia, que ya no nos resulta molesta, sino compañera. Propongo ahora varios ejemplos de algunos de los muchos ejercicios de
escritura guiada que he elaborado para provocar en el inconsciente, la metamorfosis necesaria para avanzar hacia la felicidad personal e íntima de cada persona. Por supuesto que cada mente es un mundo, por ello, según va necesitando cada alumno, voy sugiriendo hacer distintos ejercicios para cada problema o cuestión específicos y especiales, lo que convierte el taller en un trabajo personalizado que nunca se olvida de las diferencias y peculiaridades de cada persona. Impartido por Mar Cantero Sánchez, escritora, coach creativa y literaria. Autora de cuatro libros, entre ellos, dos sobre su taller de Escritura: El viaje de las palabras y Las palabras viajeras. Actualmente trabaja escribiendo como colaboradora de la revista
Psicología Práctica. Ha escrito para Mente Sana de Jorge Bucay, Integral, Escribir y Publicar, Esfinge, PNL.
NET, y otras revistas especializadas.Para más información consulta su web: www.marcanterosanchez.comInfo sobre taller: mcanterocreativa@gmail.comTelf. 686 13 70 66