Crisis y rupturas se instalan con mayor frecuencia en nuestra vida cotidiana, nuestros entornos se fracturan cada vez con mayor rapidez y a mayor escala, en este contexto de rupturas caracterizadas, entre otros, por la discontinuidad, el desarrollo de dinámicas globales, la desintegración de los puntos de referencia y la cristalización de la inestabilidad, la cuestión de la gobernabilidad se torna crucial y esta supone inclinarse sobre el principio de responsabilidad y el compromiso de los dirigentes y de la sociedad civil en la resolución de problemas.