Luego de pasadas las elecciones municipales y regionales del año 2002, en el Perú, y de configurado el nuevo mosaico del poder local y departamental, sólo quedan como mudos testigos de la euforia electoral, los carteles y afiches de propaganda político � partidaria, pegados o colocados mayormente en lugares prohibidos para los fines pertinentes de divulgación y publicidad política.
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