- Agustín de Hipona (San Agustín) perteneció a una corriente histórica, una tradición: el platonismo. Pero al mismo tiempo intentó profundizar, mediante las categorías filosóficas, su comprensión del dogma cristiano. Como buen platónico, consideraba que el conocimiento es la aprehensión de un objeto que no cambia. Las verdades, a las que accedemos por el pensamiento, son puramente inteligibles, necesarias, inmutables y eternas. Como buen cristiano, tenía serias dificultades para explicar la presencia en el alma humana de estas verdades. Si afirmamos que nuestro conocimiento proviene de las sensaciones, ¿cómo explicar que de la percepción de estos objetos mudables y pasajeros obtengamos verdades inmutables y eternas? Incluso nosotros mismos no podemos ser el origen de estos conocimientos verdaderos, porque también somos contingentes y mudables. Por otro lado, sería contrario a la fe cristiana recurrir �como lo hacía Platón� a la afirmación de la preexistencia del alma, sosteniendo que el alma adquirió el conocimiento de las ideas al contemplarlas en el mundo inteligible antes de unirse al cuerpo. En este artículo, el Prof. Andrés Luetich explica cuál es la solución que dio Agustín a este problema: la "Teoría de la Iluminación".