Las personas con trastorno mental severo han sufrido una larga historia de marginación y de estigmatización, siendo la base de la atención, hasta hace muy poco tiempo, la institucionalización durante un tiempo más o menos prolongado (incluso de por vida) en hospitales psiquiátricos. El comienzo de la reforma psiquiátrica trae consigo el desmantelamiento de los hospitales psiquiátricos y el paso del núcleo de la atención a la comunidad. Este es un fenómeno que supone un proceso de construcción y desconstrucción tanto física como conceptual (C. Vázquez, 2001); es en este contexto de cambio en el que se ponen en marcha los Centros de
Rehabilitación Psicosocial que quedan definidos como un servicio de atención diurna, organizado para promover en las personas con una enfermedad mental crónica el máximo desarrollo de su autonomía personal y social, facilitar su mantenimiento en la comunidad y apoyar su integración social (adaptado de Rodríguez, A, 2001). Y es, también, en este momento en el que la
Terapia Ocupacional cobra un sentido y objetivo fundamental.
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