- La utopía no es, como se cree a menudo, el sueño ocioso o el resultado de un deseo quimérico para ofrecer a la evolución social un plan hecho de antemano; si es digna de su nombre, representa el voto ardiente de un hombre (o un puñado de ellos) convencido de proponer ideas avanzadas que los contemporáneos rehúsan reconocer.