Introducción
¿Dónde nace el río Nilo?. Por miles de años el hombre siempre ha querido resolver esta pregunta. Ya los antiguos egipcios sabían que el Nilo continuaba más al sur de la ciudad hoy día conocida como Khartoum en Sudán. Herodoto, el historiador griego, en el año
460 a.C., recopiló cuantos datos pudo, pero no avanzó en la respuesta. Más tarde, exploradores griegos alcanzaron el punto que une el Nilo Blanco y el Nilo Azul. En el año 66 d.C., el emperador romano, Nerón, envió dos soldados Nilo arriba, pero no llegaron más lejos de lo conocido hasta entonces.
En el año 150 d.C. Ptolomeo, geógrafo griego que vivió en Alejandría, dibujó un extraordinario mapa del río; en él aparecen varios lagos y montañas cubiertas de nieve de las que había oído hablar a mercaderes, y sitúa el nacimiento del Nilo, en Las Montañas de
la Luna. Sorprendentemente las verdaderas fuentes del Nilo, no se encuentran demasiado lejos del punto descrito por Ptolomeo, las hoy en día llamadas Montañas Rwenzori entre el lago Alberto y el lago Edward.
En el S. XVII, misioneros jesuitas descubren el nacimiento del Nilo Azul, pero la fuente del Nilo Blanco, seguiría siendo un misterio y un reto fascinante para el hombre.
A principios del S. XIX, traficantes árabes de esclavos y de marfil en la isla de Zanzíbar, contaban historias sobre grandes lagos y montañas en el corazón de Africa de las que nacía un gran río. Tenían que ser las fuentes del Nilo.