En nuestra Altiplanicie andina todos lo sabemos, habitaron los chibchas o muiscas. Campos propicios para pródigas labranzas. Ellos -enamorados del suelo nativo- descuajaron la maleza, construyeron sus bohíos, prepararon la tierra para cultivarla, amasaron el barro para obras de cerámica. Hicieron chirimías, fotutos y tambores para sus ceremonias litúrgicas y sus borracheras; inventaron piraguas para el transporte de la sal; fabricaron telares para las mantas y las líquiras o túnicas de algodón. También moldearon el oro, traficaron con las esmeraldas y concertaron certámenes atléticos y juegos de disco. En los plenilunios supieron entonar lúgubres cantares y decir frases de amor cuando el licor de maíz los hacia comunicativos y les eliminaba sus complejos...”