Si bien es cierto que cuando un material ha terminado su vida útil es preciso reciclarlo, también es cierto -y necesario- que la vida útil de las cosas sea lo más larga posible.
En este campo, como en muchos otros, además de contribuir a que las administraciones públicas realicen su labor específica, la ciudadanía dispone de un poder directo que ha de utilizar. Somos las personas, las consumidoras y los consumidores finales, quienes compramos y consumimos, quienes elegimos y decidimos.
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