Meditación ZenEl Darma de Paz
Esta práctica se
desarrolla en un DOJO (habitación de paredes blancas, en una semipenumbra
y lejos de los ruidos), sentados en un ZAFU (cojín) de cara a la pared.
Consiste
en tres puntos fundamentales:
1) Postura: Sentados con
las piernas cruzadas en postura de loto, la columna vertebral enderezada,
cabeza inclinada hacia el pecho pero sin forzar, la mirada baja y hombros
relajados. Los dedos de la mano izquierda se apoyan sobre los dedos de la
mano derecha, con las palmas hacia arriba; los pulgares se unen por los
extremos formando una línea recta por encima. Las dos manos descansan
sobre las piernas y en contacto con el bajo vientre.
2)
Respiración: Siempre por la nariz, y la lengua apoyada en el
paladar superior, nacimiento de los dientes. La inhalación debe ser
profunda y la exhalación sumamente lenta, sin retenciones.
3)
Concentración: Aquí y ahora. En el aire que va entrando y
saliendo de nuestro cuerpo; evitando la distracción y dejando que los
pensamientos pasen como nubes pero sin detenerse en ninguno.
El Zen
no es ni un razonamiento ni una teoría. No es un conocimiento comprensible
por el intelecto solamente, es una práctica, una experiencia. El verdadero
Zen se practica sin motivación, sin finalidad, sin siquiera buscar el
despertar (Satori). No hay nada que obtener, nada que esperar, no hay que
buscar la verdad ni huir de la ilusión; únicamente estar presentes aquí y
ahora, en nuestro espíritu y nuestro cuerpo. Aparece entonces la
conciencia profunda y pura, universal e ilimitada.
A veces se ha
considerado el ZEN como una religión o una filosofía; en realidad no se
basa en ningún dogma ni en ninguna ideología, es la experiencia viva y el
impulso creador anterior a cualquier formalización.
El ZEN ha
inspirado a culturas muy diferentes y lo mismo puede ocurrir con la
nuestra. No resolverá los problemas económicos, sociales o políticos, pero
puede ofrecer la sabiduría necesaria para su solución.