Lo que menos me ha gustado:
La falta de información sobre costos. Las empresas son reacias a ceder datos.
Lo que más me ha gustado:
La claridad en las explicaciones y la veracidad de los datos.
Te prepara para:
Modelos nuevos de invernaderos, que alientan a estudiar inclusive a producir con especies perennes, frutos tropicales cerca del lugar de consumo y de buena calidad.
El ahorrar movimientos innecesarios de camiones, trámites de frontera, etc. redunda en un mejor aprovechamiento de la tierra, (por lo menos para Argentina).
Los comienzos han de ser necesariamente difíciles. Habrá que contar con un cierto financiamiento y las administraciones tienen que ser muy serias en todo sentido.
En general, apunta hacia un mejor aprovechamiento de la tierra, que debe estar al servicio de la población. Donde haya biomasa posible de ser transformada en carbón vegetal, tendremos un consorcio de esta industria y sus derivados, con los modernos invernaderos. Conseguir las mudas adecuadas para inicio, será muy delicado y difícil, pero una vez en producción, estaremos en presencia de un concepto diferente, totalmente positivo
Conclusión:
Se han perdido los conceptos del abastecimiento correcto de frutos diversos, en aras de un fuerte mercantilismo.
Comprobamos que, antes de pensar siquiera en producir en determinado lugar, analizando las posibilidades y aprovechando la infraestructura existente, se prefiere comprar los productos a millares de kilómetros de distancia. De más está decir que en la mayoría de las operaciones, el costo real es mínimo, comparado con los gastos de fletes, transbordos, impuestos y trámites.
Sin hablar de productos fuera de época, que se pueden producir sin problemas.
La calidad que se obtendrá en producción controlada en invernaderos, volverá a ofrecer a los consumidores productos con el verdadero sabor, hoy perdido por fuerza de la utilización masiva de venenos y defensivos.
Por todo ello vale la pena intentar.
Hay fallas garrafales en los transportes y utilización de los medios actuales.
Las distancias son enormes. Los gastos de combustible consumido representan un esfuerzo adicional en esta época que sabemos lo cercano que está el fin del petróleo. O sea, todo lo que signifique ahorrar combustible, debe tener una atención especial. No se trata solo de una cuenta aritmética, sino que hay que pensar todo como una estrategia.
Insisto en que hay que producir en estas condiciones, dentro del radio del consumo, donde existan tierras improductivas o que valga la pena dedicarlas a otros cultivos diferentes y que tengan adecuada infraestructura (trenes, rutas) y además contengan leña y/o biomasa que pueda transformarse en carbón vegetal.
De esta forma tendremos un consorcio excelente. Los nuevos hornos reactores producen, además del carbón vegetal, derivados como el ácido piroleñoso y el alquitrán vegetal, con cierto valor económico.
Esta nueva herramienta, permite hacer carbón sin conocimientos previos. O sea que se puede ampliar la producción inmediatamente, sin problemas. Sólo tenemos que disponer de la biomasa correspondiente.
Traducido en dinero, el rinde es superior (por ejemplo) a destinar el eucaliptus para papel, con los problemas por todos conocidos.
Los gases de salida se condensan, de modo que no hay polución atmosférica.