Para los diccionarios como para la mayoría de los lectores, la traducción de un texto debe ser lo más parecida posible a un doble o, como dice el diccionario Robert: "cosa semejante a otra") del texto original. Esa es por lo menos la demanda aparente. Le demanda real, en cambio, es más compleja e incluye otra dimensión: la de la identidad. Su tema no es la conformidad del texto al original, sino su conformidad a cierta identidad estructurante de la lengua (si acaso del "gusto", es decir de un conjunto de normas culturales en una época específica) en el país de lectura.Esta ambigüedad fundamental de la demanda está resumida en la famosa frase "No se siente que se trata de una traducción", que expresa el deseo de que la traducción esté calcada de manera tan perfecta que cree la ilusión de ser un original y, al mismo tiempo, el deseo de que nada, dentro de la traducción, venga a perturbar el espejo de la cultura propia.
Fuente: perso.wanadoo.fr