- Como ustedes, probablemente, habrán visto, una de las grandes dicotomías kantianas era que, por un lado, el filosófo de Koningsberg consideraba a la dinámica de la Ilustración (guíada por la filosofía práctica; esto es: por los imperativos) como la que impulsa la transformación moral de los hombres, preparando, progresivamente, de este modo, el camino para una transformación política de la sociedad (la paz perpetua), y, por el otro, que el último Kant llegó a afirmar que todo hombre adolece de una inclinación natural al mal, y sugiere que la liberación de esa inclinación depende de una transformación radical e instantánea de la actitud moral más íntima del individuo, transformación que sólo podrá tener lugar a través del sentimiento religioso. Parece, por lo tanto, que la dimensión de la moralidad se restringe en esta segunda postura a la esfera puramente interior de la conciencia individual y es totalmente ajena al plano del desarrollo histórico de la humanidad, impidiendo así que podamos obtener toda referencia acerca de la factibilidad de una transformación moral, y, por ende, a la posibilidad de una subsecuente transformación política que sea la que logre, en definitiva, la instauración de la Ley Universal o en términos más prosaicos: la Legalidad que ha de regir el orden civil. Es esta brecha entre MORALIDAD Y LEGALIDAD que nos ha legado Kant la que motivará a Hegel a escribir uno de los más importantes tratados que se hallan escrito sobre
FILOSOFÍA POLÍTICA, me refiro a su libro: La Filosofía del Derecho. Ciertamente, a mi modo de ver, una de las formas mis adecuadas para adentrarnos fructuosamente en la dicotomía kantiana entre legalidad y moralidad, con el interés de ir encontrando una respuesta al problema que acabamos de plantear, consiste en la consideración de la recepción crítica que Hegel hace de ella en la obra mencionada. En efecto, Hegel le critica a Kant el haber sellado la separación entre Moral y Política y como corolario haber desarticulado la relación entre el deber moral y la realidad (entre Sollen y Wirklichkeit).