En primer lugar y como punto de partida general, entendemos que la
enseñanza y el aprendizaje necesitan estar vivos, en amplio sentido del término, y que la
educación es, ante todo, un proceso vital, en el que la mera instrucción escolar juega solamente un papel organizativo y metodológico. La tarea a emprender resulta, así, clara: sustituir los actuales esquemas de comportamiento pasivo (alumnado y profesorado mediatizados por la mera transmisión, poco eficaz por lo demás, de contenidos), por formas de relación marcadas por la investigación-acción en el medio escolar y vital.