Las piscinas son un elemento muy costoso que en muchas ocasiones no se rentabiliza por su escaso tiempo de disfrute. En circunstancias normales, sus usuarios comienzan a bañarse cuando el verano ya ha entrado y las temperaturas son lo suficientemente altas como para no pasar frío en el agua, lo que restringe en gran medida el baño a unos pocos días de junio, julio, agosto y septiembre, en el mejor de los casos.
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